Culturas antirracistas
para la convivencia ética
La lucha histórica por la reivindicación de nuestros derechos y el reconocimiento de nuestra dignidad ha mostrado que tenemos muchas formas de resistir como pueblos. Además de las “Resistencias Creativas y del Alma”, nuestra herencia africana, nuestro coraje e ingenio, nos han llevado a ver maneras de responder a las violencias raciales desde acciones efectivas estructurales, pero también desde ejercicios de derecho en el día a día. Porque lo que necesitamos, no solo los pueblos afrodescendientes, sino la humanidad en conjunto, es una cultura antirracista para la convivencia ética, basada en la posibilidad del reconocimiento y la aceptación plena de la diferencia.
Estados y
antirracismos
El papel de los Estados en el desmonte de las violencias estructurales es trascendental. Si bien hemos tenido avances significativos en el reconocimiento de nuestros derechos, es imperioso que los Estados vayan más allá de la promulgación de políticas y ejerzan acciones reivindicativas, dando lugar a la consolidación de una cultura antirracista que efectivamente reconozca las diversidades y las diferencias afrodescendientes y que genere marcos normativos y de acción social en los que se eliminen los fatores de vulnerabilidad y nuestros pueblos sean prioridad.
Movimientos sociales,
academia y antirracismos
Es importante visibilizar el papel que los movimientos sociales y la academia han tenido como aliados importantes para conocer y reconocer las violencias históricas que los pueblos afrodescendientes hemos sufrido; sus aportes han mostrado las vivencias de nuestras ancestras y ancestros y también nos han ayudado a fortalecer nuestras identidades.

Sabemos que seguiremos contando con su trabajo en la construcción de una cultura antirracista que apunte a la posibilidad real de ser y dejar ser a los demás en convivencia ética.