Identidades, cuerpos
y goces
El reconocimiento de nuestras identidades afrodescendientes giran en torno a cómo nos vemos a nosotras y nosotros mismos y cómo queremos que se nos vea; ya que el ser afrodescendiente es tanto lo que concebimos individualmente como lo que nuestras culturas y ancestralidades han forjado de manera colectiva y familiar. Pensar en el cuerpo y las identidades afro es también pensar en lo que nos conecta desde las diásporas africanas. Nuestra distinción afro es también nuestra dignidad humana y los aprendizajes que la humanidad ha tenido con nuestra experiencia histórica.
En los pueblos afrodescendientes las mujeres jugamos un papel importante en la creación de vínculos, solidaridades, cuidados y defensas de la prole, las familias, las comunidades y los territorios. El liderazgo de las mujeres afrodescendientes es siempre un norte a seguir porque nuestra fortaleza ontológica, coraje e ingenio muestra que hemos sido, somos y seguiremos siendo mujeres afropoderosas desde cada lugar que ocupemos.
Derechos, cuerpos
y subjetividades
La violación de derechos, tanto de los africanos y africanas forzadas al desarraigo y la esclavización como de sus descendencias, ha tenido un especial ensañamiento en los cuerpos. Es justamente por la negación y laceración histórica de los cuerpos afrodescendientes que debemos reclamar el reconocimiento de que las vidas negras, nuestros cuerpos, nuestras formas de sentir y de presentarnos en sociedad, importan. No se puede pensar en el goce de derechos si no se puede disfrutar de quiénes somos y de quiénes decidimos ser.